Texto extraído del sitio del Instituto Reuters de la Universidad de Oxford 

 

Con el brote y la diseminación del COVID-19 “no sólo combatimos una epidemia: también luchamos contra una infodemia”, dijo el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, el 15 de febrero.1 En esta situación, tiene una importancia crítica que la gente acceda a noticias e información que le resulte fiable y que puede ayudarle a comprender la crisis del coronavirus, qué hacer para protegerse a sí misma, a sus seres queridos y a sus comunidades y también al periodismo independiente que refleja cómo los gobiernos y otros reaccionan frente a la pandemia. Está claro que tanto la información como los varios tipos de desinformación van a moldear crucialmente cómo la gente entiende y cómo reacciona frente a una crisis de salud pública, y cómo evalúa las instituciones que le ayudan (y las que no). Los investigadores saben hace tiempo que son las percepciones del riesgo las que determinan cómo la gente reacciona frente a una crisis, y no el riesgo en sí (Glik, 2007).

El término infodemia que usa la OMS captura el vasto volumen de noticias e información sobre COVID-19 y la ambigüedad, la incertidumbre y a veces el carácter engañoso, la baja calidad o directamente la naturaleza falsa de una parte de ese material.2 Pero es importante reconocer de entrada que mientras los profesionales de la medicina pueden identificar con fines prácticos al coronavirus como un patógeno, diagnosticarlo, testearlo y mapear su diseminación (asumiendo que el testeo y otros recursos están a disposición), más allá de lo demostrablemente falso, lo obviamente fabricado y la desinformación deliberadamente manipulada que señalan los verificadores de datos, la mayoría de lo que nos llega sobre coronavirus es más difícil de separar clara y limpiamente en información y desinformación, verdadero y falso, fiable y no fiable (Brennen y otros, 2020). Esto está en línea con investigaciones previas que demuestran que la mayoría del público (posiblemente con razón) ve en escala de grises y no en blanco y negro gran parte de la información en la que confía y varias de las fuentes, sean medios, compañías tecnológicas o autoridades públicas (Graves y Nielsen, 2017; Newman y otros, 2018). A menudo, los factores subjetivos e intersubjetivos, como la confianza en las fuentes, importan tanto en la manera en que el público se informa sobre el riesgo como en los factores más difíciles de establecer, entre ellos la fiabilidad y la veracidad (Glik, 2007).

En este informe usamos datos recolectados a finales de marzo y principios de abril de 2020 para entender cómo la gente accede a noticias e información sobre COVID-19 en seis países, cómo califica la fiabilidad de las diferentes fuentes y plataformas que usa, cuánta desinformación dice encontrar en diferentes fuentes y plataformas, y qué sabe (y qué hace) respecto de la crisis del coronavirus. También desglosamos resultados de primera línea para identificar diferencias por edad, educación y orientación política. Y usamos análisis de regresión para identificar correlaciones entre el uso de formas específicas de noticias e información y lo que la gente sabe sobre el virus, agregando otros factores como edad, educación y orientación política.3 A lo largo del informe, contextualizamos los hallazgos actuales a la luz de lo que ya sabemos sobre diferencias y similitudes en el consumo de noticias y medios en esos países gracias a nuestro informe anual titulado Digital News Report (Newman y otros, 2019). Esperamos que el análisis sea de utilidad a periodistas, medios, plataformas, autoridades públicas y ciudadanos, para pensar sobre el flujo de noticias e información vinculado al coronavirus.

El informe cubre Alemania, Argentina, Corea del Sur, España, Estados Unidos y el Reino Unido, seis países con una población combinada de más de 600 millones de personas y que representan distintos sistemas mediáticos y políticos. La pandemia del coronavirus está en diferentes fases en cada uno de esos países y sus gobiernos han implementado diferentes medidas. Al 31 de marzo, cuando empezamos a recoger los datos sobre el terreno, Our World in Data reportaba que Alemania tenía 6,96 muertes por millón de habitantes; Argentina 0,53; Corea del Sur 3,18; España 156,99; los Estados Unidos 9,58 y el Reino Unido, 20,74.4 Al 7 de abril, cuando se cerró la recolección de datos, la tasa de mortalidad había crecido a 19,18 en Alemania, 1,17 en Argentina, 3,74 en Corea del Sur, 279,22 en España, 33,20 en los Estados Unidos y 79,15 en el Reino Unido. En esta muestra España es de lejos el país más golpeado y Argentina, el menos golpeado; Corea del Sur es el que más tiempo ha sufrido la epidemia y afronta, como el resto de los países, la posibilidad de una “segunda ola” de casos.

Metodología

El informe se basa en una encuesta encargada por el Reuters Institute for the Study of Journalism y el proyecto Misinformation, Science and Media (Desinformación, ciencia y medios), compartido con el Oxford Internet Institute y apoyado por la Oxford Martin School. Nuestro objetivo es comprender cómo la gente consume y califica las noticias  y la información de diferentes fuentes sobre el COVID-19. La investigación fue dirigida por YouGov usando un cuestionario distribuido online desde el 31 de marzo hasta el 7 de abril de 2020 en Alemania, Argentina, Corea del Sur, España, los Estados Unidos y el Reino Unido.

Las muestras en cada país se armaron recurriendo a cupos representativos a nivel nacional por edad, género y región. Los datos también se ponderaron en función de objetivos apoyados en información que acepta la industria y de los censos.

Debemos señalar que las muestras online tienden a subestimar los hábitos de consumo de la gente que no tiene presencia online (típicamente adultos mayores, con menos recursos y educación formal más limitada). Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU, por sus siglas en inglés), la penetración de internet en esos seis países va del 93% de Argentina al 96% de los Estados Unidos.

También es importante indicar que las encuestas online se apoyan en la memoria, que suele ser imperfecta o estar sujeta a sesgos. Además, las preguntas relacionadas con desinformación sólo proveen datos sobre la percepción del problema que tiene cada uno, y no dan una medida objetiva de cuánta información falsa ha consumido una persona (quizá sin darse cuenta). Hemos tratado de mitigar esos riesgos diseñando y probando cuidadosamente el cuestionario.

Fuentes de información

En los seis países encuestados hemos visto un aumento en el consumo de noticias, comparado con informes anteriores (por ejemplo, Newman y otros, 2019). Varios medios trabajan duro en esta crisis para atender lo mejor posible a sus audiencias crecientes, complementando el reporteo tradicional, a menudo resuelto en condiciones extremadamente difíciles debido a las cuarentenas estrictas y las medidas de distanciamiento social (más las presiones que la crisis misma pone sobre el negocio de los medios), con muchos ejemplos impresionantes de innovación editorial, incluyendo más visualizaciones de datos, interactivos y distintos tipos de simulaciones. La televisión y los medios digitales son las formas más populares de acceso a las noticias en los seis países (ver gráfico 1). Las cifras de circulación de los periódicos son más bajas de lo normal, ya que la cuarentena complicó la distribución de los ejemplares y provocó una reducción en las ventas. Aunque el consumo de noticias en general crece, hay diferencias demográficas esperables: los jóvenes identifican de forma abrumador a los medios digitales (y a menudo a las redes sociales) como su principal fuente de información, mientras que las personas de mayor edad recurren a la televisión.  La crisis del coronavirus no ha modificado el cambio estructural hacia lo digital ni el perfil demográfico de las distintas fuentes noticiosas.

Pregunta: Si usó alguna fuente noticiosa en la última semana, ¿cuál/es de las siguientes? Base: muestra total de cada país

El consumo de noticias crece y los medios siguen siendo una de las principales fuentes de información, pero no son la única en una crisis de salud pública donde la mayoría de la gente está online y varias organizaciones, incluyendo las autoridades públicas, tienen disponibles páginas oficiales, cuentas de redes sociales y otros canales de comunicación. Algunos expertos como el doctor Christian Drosten, jefe de Virología en el hospital universitario de investigación Charité de Berlín, y el doctor Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias de España, se han convertido en personajes famosos, ampliamente difundidos en noticias y redes sociales.5

Los hábitos de búsqueda de información no se centran exclusivamente en los medios. Una imagen compleja surge cuando la gente responde qué fuentes ha usado durante la última semana para obtener noticias o información específicamente sobre coronavirus, por ejemplo, visitando directamente páginas web o aplicaciones, a través de varias plataformas o en persona.

Pregunta: ¿Cuál/es de las siguientes fuentes usó durante la última semana para obtener información sobre coronavirus (COVID-19)? Base: muestra total de cada país.

En los seis países que cubrimos, aproximadamente dos tercios de las personas dicen que confiaron en los medios: desde un bajo 47% en Alemania hasta un alto 77% en Corea del Sur. Es notable que en esta era de noticias abundantes y de fácil acceso, donde la información rigurosa, creíble y fiable es tan importante, una gran parte del público no ve a los medios como fuente de noticias e información sobre la crisis. (El consumo de noticias está lejos de concentrarse exclusivamente en el coronavirus, incluso en medio de la pandemia.6)

Si bien los medios representan la fuente de noticias e información sobre coronavirus más ampliamente identificada, muchas personas dicen no confiar en ellos. Y otras fuentes, incluyendo gobiernos, autoridades sanitarias y expertos, en conjunto resultan muy fiables, mientras una minoría significativa dice que ha confiado en personas corrientes. Por supuesto, casi con certeza la gente llegó a algunas fuentes vinculadas a gobiernos, autoridades sanitarias y expertos en parte a través de los medios de comunicación, aunque también pueden acceder por las páginas oficiales, redes sociales y campañas de publicidad e información pública. Pero los datos indican que es probable que cuando la información del gobierno y los expertos aparece en las noticias no necesariamente se vea que en realidad proviene de los medios.

En los seis países, las personas con bajo nivel de educación formal son mucho menos propensas a decir que confían en los medios para obtener noticias e información sobre coronavirus. Y en todos los países, menos en Alemania y en el Reino Unido, los jóvenes son mucho menos propensos a decir que confían en los medios.

En la mayoría de los países, las personas con niveles más altos de educación formal también son mucho más propensos a decir que confían en la información de las autoridades sanitarias y varios expertos. En cambio, los habitantes de Estados Unidos con bajo nivel educativo son más quienes dicen confiar en la gente corriente antes que en los medios o el Gobierno nacional.

Especialistas como la doctora Trudie Lang, profesora de investigación en salud global de la Universidad de Oxford, sostienen que el mensaje sobre salud pública debe llegar al 80% de la población para que se considere exitoso. Por lo tanto, queda claro que ninguna fuente o plataforma puede lograr sola ni cerca de semejante alcance.

El rol de las plataformas

Muchas de las fuentes en las que confía la gente son accesibles mediante los productos y servicios que ofrecen varias plataformas, que cada vez se usan más como fuentes de noticias e información y demás propósitos (Newman y otros, 2019). Al tiempo que medios y gobiernos han invertido fuerte en ayudar a que la gente comprenda el coronavirus, Facebook presentó el “COVID-19: centro de información” en su principal red social. La búsqueda de Google provee alertas, paneles de información nueva y un centro de datos y recursos sobre el virus. Al menos en algunos países, YouTube presenta información que brindan las autoridades sanitarias. Twitter ofrece tuits sobre coronavirus de medios y autoridades. Muchas de las principales plataformas también han ofrecido espacios publicitarios para diseminar mensajes de salud pública.

Si bien una pequeña minoría de nuestros encuestados identifica a las redes sociales como su principal fuente de noticias (en promedio uno de cada siete: el 16%) está claro que varias plataformas juegan un papel clave en el modo en que la gente accede y encuentra noticias e información sobre coronavirus.

Pregunta: ¿Cuál/es de las siguientes fuentes usó durante la última semana como fuente de noticias o información sobre coronavirus (COVID-19)? Base: muestra total de cada país.

Muchos jóvenes y personas con bajo nivel educativo usan menos los medios y más las redes sociales. También se recurre ampliamente a la búsqueda y en la mayor parte de los países los jóvenes confían más en las búsquedas que el resto de la población.

La combinación de redes en cada país está más o menos en línea con lo que vemos en nuestro Digital News Report de 2019, pero hay algunas diferencias interesantes en general y con algunos grupos (ver figura 3). Los jóvenes confían mucho más en las redes más nuevas y visuales, como Instagram y Snapchat, para obtener información sobre COVID-19. Hasta TikTok, popular entre adolescentes, se usó para diseminar mensajes de salud pública, como la canción y el baile vietnamita sobre lavarse de manos que se hizo viral.

El uso de Instagram también se ha incrementado sustancialmente según nuestros datos, en particular entre los más jóvenes. En Argentina casi la mitad de las personas entre 18 y 24 años (49%) dijo que usaba Instagram para acceder a contenido sobre COVID-19. Famosos e influencers juegan un papel muy relevante en esas redes compartiendo música y clases de gimnasia para correr pero también opinando sobre otras cuestiones de salud (para bien y a veces para mal, como mostraron Brennen y otros, 2020). Después de algunos casos de desinformación en la plataforma, Instagram reservó su pestaña “buscar y explorar” solo para fuentes creíbles de información vinculada a salud.

Pregunta: ¿Cuál/es de las siguientes fuentes usó durante la última semana para obtener noticias o información sobre coronavirus (COVID-19)?  Base: población de 18 a 24 años en cada país. Reino Unido = 202, Estados Unidos = 153, Alemania = 183, España = 80, Corea del Sur = 83, Argentina = 151.

Las aplicaciones de mensajería centradas en la comunicación uno a uno y en grupos privados más pequeños (que también se encuentran en algunas redes sociales, incluyendo Facebook) agregan mayor complejidad a la situación. Entre otros pasos, WhatsApp presentó un chatbot de la OMS y limitó la capacidad de los usuarios para reenviar mensajes, pero aún hay bastantes casos de desinformación circulando en aplicaciones de mensajería, entre usuarios individuales y en grupos (Lytvynenko, 2020). Se ha puesto mucho foco en su rol, ya que son entornos diseñados para permitir la comunicación privada entre individuos y quienes participan en grupos específicos, y porque las plataformas permiten gran volumen de mensajes, algunos falsos y engañosos. Pero a los investigadores les resulta difícil de analizar, por la escasez de acceso a los datos y en algunos casos, por la encriptación.

La información de sondeos provee una manera de tener al menos una comprensión básica sobre el posible papel que cumplen estas formas más privadas de comunicación. Aproximadamente cuatro de cada diez encuestados dicen que hablaron sobre el coronavirus por lo menos en un grupo de Facebook, y más de la mitad lo hizo en grupos de WhatsApp (en Corea del Sur se usaron grupos de Kakao). (Ver Gráfico 4.)

En línea con lo que vemos en el uso de redes sociales, los grupos de mensajería también son mucho más elegidos por los jóvenes y las personas con bajos niveles de educación formal. La cantidad de gente que dice haber usado grupos privados de redes sociales o de mensajería para discutir COVID-19 es mucho mayor que el número de usuarios que en 2019 recurrían a esas plataformas para obtener noticias (Newman y otros, 2019). Tomando el Reino Unido como ejemplo: el 31% de nuestros encuestados dice que habló sobre coronavirus en uno o más grupos de Facebook durante la última semana, en comparación con apenas un 8% que en 2019 dijo que había hablado de noticias o política en esos grupos. Además, el 44% dice que habló sobre coronavirus en uno o más grupos de WhatsApp durante la última semana, en comparación con apenas el 2% que en 2019 dijo que había hablado de noticias o de política.

Pregunta: Facebook y WhatsApp permiten armar, unirse y participar de grupos donde se puede conversar con personas de ideas afines sobre noticias o temas relacionados. ¿Cuál/es de las siguientes plataformas usó para hablar sobre coronavirus (COVID-19) en la última semana? Base: muestra total de cada país

Resulta potencialmente importante señalar que una clara mayoría de quienes dicen haber hablado sobre el coronavirus en grupos de redes sociales o aplicaciones de mensajería mencionan específicamente grupos con familiares o amigos y colegas, no con extraños. Parece que muchos grupos originalmente armados con otro propósito ahora también, al menos en parte, giran en torno al COVID-19, lo cual subraya cómo las conversaciones sobre el coronavirus se esparcen en una amplia gama de situaciones, offline y online.

Confianza en diferentes fuentes y plataformas

También es importante conocer en qué fuentes y plataformas confía la gente, ya que es más probable que sus opiniones y comportamientos se formen sobre la base de información que extraen de ahí (Spiegelhalter, 2017). (Años de investigaciones permiten saber que a menudo la gente consume sin problemas medios en los que particularmente no confía, por ejemplo periódicos populares y algunas redes sociales, si les aportan valor por otras razones (ver Newman y otros, 2019).

Al observar primero cuánto confía la gente en diferentes fuentes, en todos los países una mayoría califica a los medios como relativamente fiables. Y en todos los países, menos en España y en Estados Unidos, una mayoría también califica a su Gobierno nacional como relativamente fiable. (Aunque no se trata de algo directamente comparable, vale la pena recordar que en los mismos seis países sólo una minoría dijo antes de esta crisis que confiaba en la mayoría de las noticias la mayor parte del tiempo (ver Newman y otros, 2019). Las autoridades sanitarias y los expertos son fuentes muy fiables para casi todos en todos los países, mientras que los políticos y la mayoría de la gente común provocan más escepticismo.

Pregunta: ¿Qué tan confiable le parece la información sobre coronavirus (COVID-19) que proviene de los siguientes grupos? Por favor, use la escala donde 0 implica “nada confiable” y 10 significa “totalmente confiable”. Base: muestra total en cada país. Nota: Confía = 6 a 10; Ni confía ni desconfía = 5; No confía = 0 a 4.

Asoman algunas diferencias socioeconómicas: en varios países, los encuestados con niveles más bajos de educación formal confían menos en los medios y en algunas autoridades públicas y expertos, pero en general tienen la misma opinión sobre la gente común. En la mayoría de los países, las personas que se oponen al Gobierno (por ejemplo, en España la gente de derecha enfrentada a un Gobierno de izquierda o en el Reino Unido la gente de izquierda enfrentada a un Gobierno de derecha) lo califican como mucho menos fiable que quienes simpatizan con el Gobierno de turno.

En algunos países son más pronunciadas las diferencias entre quienes tienen distintas visiones políticas. Estados Unidos es el más polarizado y Argentina el menos polarizado, mientras Alemania exhibe una polarización más asimétrica.

En Estados Unidos, un país altamente polarizado (y simétricamente, en comparación), los encuestados de todo el espectro político tienen en general la misma (alta) consideración sobre la confiabilidad de científicos, médicos y otros especialistas de la salud, y más limitada sobre la gente común a la que conocen personalmente. Pero las percepciones sobre los medios y el Gobierno nacional están fuertemente alineadas con sus posiciones políticas. (Ver Gráfico 6.) Una clara mayoría de personas de izquierda confían en los medios, en tanto que más encuestados de izquierda confían más en personas que conocen que en el Gobierno (de derecha). A la inversa, en la derecha una clara mayoría confía en el Gobierno (de derecha) pero más encuestados de derecha confían más en personas que conocen que en los medios.

En Argentina esas diferencias están mucho menos pronunciadas (pese a que las personas de derecha son escépticas con respecto al Gobierno de izquierda). En la Alemania más asimétricamente polarizada las personas de derecha confían menos en los medios y en el Gobierno (de tendencia conservadora) que la gente de centro y de izquierda.

Pregunta: ¿Qué tan confiable le parece la información sobre coronavirus (COVID-19) que proviene de las siguientes fuentes? Por favor, use la escala donde 0 implica “nada confiable” y 10 significa “totalmente confiable”. Base: muestra total de cada país. Nota: Confía = 6 a 10; Ni confía ni desconfía = 5; No confía = 0 a 4.

Como dijo a The Lancet Sylvie Briand, la directora de gestión de peligros infecciosos en el Programa de Emergencias Sanitarias de la OMS y arquitecta de la estrategia del organismo para contrarrestar el riesgo de infodemia: «Sabemos que cada brote estará acompañado de una especie de tsunami de información, y eso siempre incluye desinformación, rumores, etcétera”.8

Nuestros resultados demuestran que gran parte del público es muy consciente de eso. Más allá de los innumerables ejemplos de distintos tipos de desinformación que circulan online y a través de varias plataformas, lamentablemente también hubo medios que publicaron información engañosa sobre el virus. Y sobran ejemplos de políticos de alto rango, celebridades y otras figuras públicas prominentes que han divulgado información falsa o engañosa en conferencias de prensa, canales oficiales y redes sociales (Brennen y otros, 2020).

Debido a estos problemas y a investigaciones previas que muestran que muchos piensan que lo que ven es periodismo pobre y propaganda política hiper-partidista como parte de problemas más amplios de desinformación (Graves y Nielsen, 2017), y a que las personas suelen estar muy preocupadas por la autenticidad y veracidad de gran parte de la información que encuentran online (Newman y otros, 2019), hemos intentado documentar con cuánta desinformación dice la gente que se cruzó en distintas fuentes y plataformas.

Es importante repetir que los datos de nuestra encuesta capturan sólo las percepciones de la gente sobre estos problemas y no proporcionan pruebas sólidas sobre la veracidad o la confiabilidad real de la información que esa gente encuentra. Pero la percepción es parte de la realidad, como ocurre con buena parte de los problemas de desinformación que afectan a los medios digitales y en general a nuestras sociedades. La gente reacciona de manera diferente si algo le parece desinformación, incluso siendo verdad. Y si algo le parece fiable, aunque no lo sea, es probable que reaccione en consecuencia.

Al consultar cuánta información falsa o engañosa sobre coronavirus (COVID-19) cada quien piensa que se cruzó en diferentes fuentes y plataformas, se destacan en general cuatro hallazgos:

  1. Para cada fuente y plataforma, en todos los países sólo una minoría dice que encontró mucha información falsa o engañosa.
  2. Entre las fuentes de desinformación, la más identificada de abajo hacia arriba es la que proviene de gente común a la que los encuestados no conocen personalmente (en promedio, cerca de un tercio). (En Corea del Sur, España y Estados Unidos los encuestados dicen que los políticos generan grandes volúmenes de desinformación de arriba hacia abajo.)
  3. Entre las plataformas, la preocupación se centra en las redes sociales y las aplicaciones de mensajería: en promedio, alrededor de un tercio de los encuestados dice que vio mucha información falsa o engañosa durante la última semana.
  4. Si bien es menor la preocupación por la información falsa o engañosa sobre el coronavirus proveniente de medios y gobiernos nacionales con relación a la que disemina la gente común, las redes sociales, las aplicaciones de mensajería y en algunos países los políticos, hay una mayoría significativa preocupada: en promedio, cerca de una cuarta parte para medios y para gobiernos.

Pregunta: ¿Cuánta información falsa o engañosa sobre coronavirus (COVID-19) piensa que vio durante la última semana de las siguientes fuentes? Base: muestra total en cada país.

Observando con más detalle las fuentes de información (ver Gráfico 8), minorías muy significativas de encuestados, especialmente en Argentina, España y Estados Unidos, sienten preocupación por lo que ven como información falsa o engañosa proveniente de medios. En España y Estados Unidos a muchos también les preocupa la desinformación del Gobierno nacional (en España, la gente de derecha está particularmente preocupada por el Gobierno de izquierda y en Estados Unidos la gente de izquierda está particularmente preocupada por el Gobierno de derecha). Y en varios países hay muchas personas preocupadas por la desinformación que proviene de los políticos.

En Estados Unidos, la misma cantidad de encuestados dice que vio información falsa o engañosa tanto en los medios y por parte del Gobierno nacional y/o de políticos como por parte de personas a las que no conocen o en las redes sociales y las aplicaciones de mensajería. Los patrones políticos son similares a los encontrados en cuestiones de confianza: la gente de izquierda se preocupa por lo que recibe de políticos y del Gobierno nacional y la gente de derecha apunta a los medios. Argentina otra vez aparece menos polarizada (aunque algunos de derecha sí se preocupan por la información falsa o engañosa que reciben del Gobierno nacional de izquierda). Alemania también repite su mayor polarización asimétrica, con pocos de izquierda y de centro preocupados pero más de un tercio de la gente de derecha preocupada por la información falsa o engañosa de medios y del Gobierno nacional que lidera la conservadora Angela Merkel.

En segundo lugar, en cuanto a las plataformas para obtener información (ver figura 9), minorías muy significativas de los encuestados, especialmente en los Estados Unidos, aparecen preocupadas por lo que ven como información falsa o engañosa en las redes sociales, en sitios de videos y en aplicaciones de mensajería (y en menor medida, los motores de búsqueda). Una vez más, la preocupación se centra sobre todo en las redes sociales y las aplicaciones de mensajería, dos tipos de plataformas en las que muchos dicen ver tanta desinformación como la que disemina gente común a la que no conocen (y en Estados Unidos, también de los medios y el Gobierno nacional).

La imagen para sitios de vídeo y motores de búsqueda es más variada. En los seis países es casi igual la preocupación por la información falsa y engañosa proveniente de medios y de sitios de vídeo, con diferencias de país a país y pequeñas brechas en la mayoría de los casos. En cuatro de los seis países, más personas dicen que encontraron información falsa o engañosa en los medios que en los motores de búsqueda. En dos países más personas están preocupadas por la desinformación del Gobierno nacional que por la diseminada mediante los motores de búsqueda.

Pregunta: ¿Cuánta información falsa o engañosa sobre el coronavirus (COVID-19) piensa que vio durante la última semana, proveniente de las siguientes fuentes? Base: muestra total en cada país.

Más allá de qué fuentes y plataformas usa la gente, en cuáles confía y cuáles cree que difunden desinformación, es importante comprender qué fuentes siente que le ayudan a entender y a atravesar la crisis de una manera razonable. Podemos usar los datos de nuestra encuesta para comparar lo que siente la gente respecto de cuánto la ayudan los medios de su país y cuánto su Gobierno.

Pregunta: ¿Hasta qué punto coincide o no con las siguientes declaraciones sobre coronavirus (COVID-19)? Base: muestra total en cada país.

Existen algunas diferencias de orden partidista sobre las respuestas de la gente sobre si los medios y el Gobierno le han ayudado a comprender la crisis, especialmente en Estados Unidos y España. Pero de manera mucho más consistente (el Reino Unido es la única excepción) los jóvenes y las personas con bajo nivel de educación formal son mucho menos propensos a decir que los medios o el gobierno les han ayudado a comprender la pandemia.

Al fin y al cabo, quizás lo más importante sea hasta qué punto la gente está bien informada sobre el coronavirus, y cómo actúa ante la pandemia. Mientras no haya vacuna, el COVID-19 sólo se puede contener y la curva puede aplanarse si la gente entiende la situación y reacciona en consecuencia. Claramente las noticias y la información no son los únicos factores que afectan esto, ya que la gente proviene de diferentes posiciones socioeconómicas y otros factores moldean el conocimiento y el comportamiento, incluyendo la relativa precariedad de su situación privada y profesional, las opiniones de sus familiares y amigos, y las comunidades donde viven.9 Pero en una crisis de salud pública el acceso a información rigurosa, relevante y confiable se transforma literalmente en una cuestión de vida o muerte.

Apuntando primero a qué sabe la gente, planteamos una serie de cinco cuestiones fácticas sobre coronavirus: cuatro de ellas tomadas de la página oficial de la OMS sobre mitos y rumores y la otra sobre la falsa afirmación de que el COVID-19 se fabricó en un laboratorio, algo que impulsaron algunos políticos prominentes, comentaristas partidistas y otras figuras famosas.10 Por cada frase preguntamos a los encuestados si les parece verdadera o falsa, con la opción de decir «No lo sé». La cantidad de respuestas correctas brinda un indicio sobre cuánto saben sobre coronavirus.

Lo primero que cabe resaltar es que la mayoría de la gente lo hace relativamente bien, con una clara mayoría contestando correctamente al menos tres preguntas (aproximadamente tres cuartas partes o más en todos los países, menos Corea del Sur con 58% y Estados Unidos con un 65%) (ver tabla 3). El número de respuestas correctas está fuertemente relacionado con el nivel de educación: encuestados con bajo nivel educativo dieron menos respuestas correctas.

El principal valor atípico es la falsa afirmación de que el COVID-19 se fabricó en un laboratorio. Se presentan diferencias muy significativas según la posición política, especialmente en Estados Unidos, donde algunas famosas voces de derecha promovieron esa falsedad. En cuatro de seis países la mayoría de los encuestados no da la respuesta correcta sobre este tema: casi una cuarta parte de nuestros encuestados dice incorrectamente que el coronavirus se fabricó en un laboratorio, cifra que aumenta a casi un tercio entre los de derecha.

En otros pocos casos, muchos dan respuestas incorrectas a alguna de nuestras preguntas: en Argentina, Alemania, España y Corea del Sur, por ejemplo, una gran minoría cree erróneamente que el coronavirus no se puede transmitir en áreas de clima cálido.

Pregunta:  Las siguientes frases se han dicho sobre coronavirus (COVID-19): ¿piensa que son verdaderas o falsas? Base: muestra total en cada país.

Conclusiones

Hemos descubierto que la gente confía en muchas fuentes diferentes de noticias e información sobre el coronavirus y acceden a través de diversas plataformas. El consumo de noticias aumentó, los medios siguen siendo centrales y en ellos confía la mayoría de las personas en los seis países. La mayoría de nuestros encuestados también confía en varias plataformas, pero considera que el contenido al que acceden vía redes sociales, sitios de vídeo y aplicaciones de mensajería (y en menor medida, motores de búsqueda) es mucho menos fiable que la información de los medios.

La mayoría dice sentir que los medios le han ayudado a comprender la pandemia, y de hecho nuestro análisis de regresión sugiere que así fue: confiar en la información de los medios en la mayoría de los países se relaciona con niveles significativamente más altos de conocimiento sobre el coronavirus. Nuestros datos y análisis no avalan la preocupación de que quienes confían en otras fuentes de información puedan estar desinformados y sean más propensos a tener creencias falsas sobre la pandemia y el coronavirus. Por ejemplo: en ninguno de los seis países el uso de redes sociales está vinculado a niveles más bajos de conocimiento. Y cuando se pueden establecer relaciones estadísticamente significativas respecto de los motores de búsqueda, esas relaciones son positivas.

También hallamos que la gente expresa niveles muy altos de confianza en científicos, médicos y otros expertos, y a menudo tiene altos niveles de confianza en las autoridades sanitarias y organizaciones globales de salud como la OMS, fuentes de información que actualmente varias plataformas promueven. Tras varios años en los que ciertos políticos y parte del público supuestamente estaban “cansados de los expertos”, ahora hay claramente una revalorización del saber especializado que no causa controversia.

Una de las preguntas por responder es cuánto va a durar ese regreso si los políticos de alto nivel empiezan a atacar y a cuestionar públicamente a los expertos, autoridades sanitarias y organizaciones internacionales: nuestra recolección de datos terminó antes del 7 de abril, cuando el presidente Donald Trump incrementó sus críticas a la OMS. Pero incluso antes de eso, apenas un 51% de los estadounidenses de derecha calificaba a la entidad como fiable, en comparación con el 68% de la población del país en general.11

Los ataques sostenidos de líderes políticos a fuentes específicas casi con seguridad reducirá la confianza en ellas, al menos entre quienes simpatizan con los políticos en cuestión. Como saben por experiencia propia los periodistas profesionales, el saber especializado que no causa controversia puede ser alta y ampliamente fiable, pero los saberes más controvertidos no resultan necesariamente fiables.

Además de las fuentes y las plataformas que resultan fiables para la gente, hallamos que factores sociales y políticos más básicos también influyen en la comprensión de la pandemia. En términos de factores sociales, quienes poseen niveles más bajos de educación saben menos sobre el coronavirus que quienes tienen niveles más altos de educación. En términos de factores políticos, quienes no están interesados ​​en la política o se mantienen distanciados de los partidos saben menos sobre el coronavirus que quienes se interesan por la política. En algunos países se verifica también una grieta política muy significativa: la gente percibe la situación de manera muy diferente según su posición política, sobre todo en Estados Unidos. Es evidente que los políticos de alto nivel tienen una responsabilidad especial para garantizar un mensaje claro, preciso y honesto sobre la pandemia. Si no lo hacen, las consecuencias pueden ser graves ya que la gente malinterpretará la situación, se pondrá en peligro a sí misma, a sus seres queridos y a sus comunidades.

Un fenómeno en general menos identificado pero igualmente preocupante es que, en casi todos los países, los jóvenes y las personas con limitada educación formal confían menos en los medios para obtener noticias e información sobre el coronavirus; también confían menos en los medios y en el Gobierno; son menos propensos a decir que los medios y el Gobierno les ayudaron a comprender la pandemia. Quienes poseen poca educación a menudo saben menos sobre coronavirus que el resto de la población. Grandes minorías en todos los países no se involucran con las noticias (ni confían en ellas) y tampoco se comprometen con los consejos de gobierno (ni confían en él), y a menudo saben menos sobre la crisis. Esto debe resolverse si la intención es que la información llegue a todos y sea tomada en serio.

Aún queda mucho trabajo por hacer (para los medios, los gobiernos, las plataformas y otros) a fin de asegurar que todos sepan lo que se necesita saber sobre coronavirus y así puedan actuar para protegerse y proteger a sus seres queridos y a sus comunidades.

Este informe documenta que los medios desempeñan un papel crucial en todo esto. Son importantes en términos de proporcionarle a la gente noticias e información sobre el coronavirus, información fiable para la mayoría (en muchos países más fiable que la del Gobierno) e información que ayuda a estar más informado. Pero la importancia va mucho más allá: los medios independientes ayudan a comprender la crisis y en el mejor de los casos también colaboran para que los gobiernos nacionales, las autoridades sanitarias y otros actores poderosos rindan cuentas sobre cómo afrontan la crisis, en términos de la eficiencia de su reacción y en cuanto a la transparencia y veracidad de su mensaje público sobre la crisis. Esto es crucial, ya que el distanciamiento social y otras medidas sanitarias similares serán efectivas en el largo plazo si resultan creíbles e inteligibles para el público en general.

Todavía no tenemos una vacuna para este virus, pero al menos ahora sabemos que el acceso a información rigurosa, relevante y confiable de medios independientes y otras fuentes puede ayudar a combatir la “infodemia” y así ayudar a que la gente se ayude a sí misma y ayude a sus sociedades.