Transcurridos ya más de 90 días bajo el aislamiento social preventivo y obligatorio, “cuarentena” para ser más breves, comienzan a generarse las condiciones para establecer análisis respecto a los efectos y consecuencias de la medida en la economía, y de qué manera los hábitos de consumo han ido modificándose o no en esta particular etapa que estamos atravesando en el país.

Tras una primera fase de aislamiento estricto, donde hubo solo habilitación de actividades esenciales, se avanzó gradualmente hacia la reapertura de diferentes rubros pero condicionada en su formato tradicional de atención al público de manera presencial. ¿Cómo vender entonces? Mediante pedido por teléfono o por internet, haciendo la entrega del producto a domicilio.

Esta única forma de poder generar ventas ha transformado sustancialmente la actividad del comercio electrónico en Argentina, quien previamente a la pandemia venía registrando un crecimiento pero que ante esta situación ha evolucionado notablemente. 

La Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE), informó que sólo durante el mes de abril la facturación por venta online creció un 84% en comparación con el promedio registrado en el primer trimestre del año, las órdenes de compra lo hicieron en un 38% y la venta en unidades un 71%.

De hecho, este 84% del crecimiento supera a todo el registro del 2019, donde el comercio electrónico creció un 76%. La novedad tiene que ver, además, con que el 40% de las compras del mes de abril fueron realizadas por nuevos clientes, es decir, personas que se hicieron cuentas en sitios online para poder acceder a los productos.

Estos números pueden sonar alentadores pero ocultan la contracara de la situación, donde muchísimos comercios que entraron a la pandemia sin presencia online encontraron serias desventajas en el mercado para poder generar ingresos. Inclusive en los que sí lo estaban, el aumento inesperado del volumen de ventas online produjo saturaciones en la cadena de producción, demorando plazos de entrega y problemas de logística.

La expansión inesperada de este tipo de comercio fue tal que incluso grandes eventos de e-commerce como el Hot Sale han sido postergados para más adelante. 

Muchas empresas o comercios minoristas han tenido que emprender este proceso de digitalización de manera apresurada, realizando una inversión mayor ante la necesidad de contar con las herramientas urgentes, y debiendo realizar una capacitación a su personal contrarreloj, lo que sin dudas ha generado numerosos problemas en la experiencia de venta.

La salida de la cuarentena nos encontrará a todos ante un nuevo escenario, donde podremos retomar las compras de manera presencial pero sin dudas haber experimentado casi de manera obligada la experiencia del comercio electrónico hará que muchos sigan optando por este medio, por la comodidad y facilidad que significa obtener lo que queremos tan sólo con un par de clicks.

De parte de las empresas y comercios, el desafío será continuar este proceso de digitalización ajustando todos las etapas que significan vender un producto online y el momento final de la entrega. 

En otras palabras, la pandemia y la cuarentena ha demostrado de una manera contundente lo que muchas veces repetimos quienes trabajamos en el marketing digital, al hablar de inversión y no de gasto cuando se trata de avanzar hacia el mundo online.